¿Para qué sirve un barco de papel?

Es viento lo que me interesa. Sus alas libres que mecen las olas del mar. Se acompaña de la luna coqueta y marea, y la salitre llega a la playa de un cielo, siempre es el cielo, lleno del brillo de la noche.

« Aprende a nadar», la voz me invita como canto de sirena, «Aprende a cabalgar sus aguas mansas y a la vez salvajes. Su infinito»

Yo miraba donde cortaba la linea el horizonte, allí no había huida posible

«Pero papá», le pregunté al viejo marino«¿por qué tengo que aprender a nadar?»

«Algún día te llamaran los peces y querrás sumergirte a buscar los tesoros que te prometan. Entonces el mar curtirá tu piel y seras un lobo navegando los senderos de la estrella polar»

«Y, si siempre he de acabar mirando el firmamento, buscando mi astro guía, las nubes esponjosas del sueño ¿por qué no me enseñas mejor a volar?»

«¿Teniendo tan cerca el agua?»

«Casi puedo notar como rozo el cielo»

«Te ayudare a construir tu propia barca»

«Un barquito de papel, con alas para que no se lo coma tu oceano»

«¿Para qué surque el mar celestial?»

«Si»

«Entonces tú ya sabes volar. Enseñame, enseñame tu a volar para que mi realidad no empequeñezca tu mundo»

LaRataGris

Texto e ilustración: LaRataGris ( https://laratagris.com/)
Voz: Isa Nafarroa (https://poguemahonex.wordpress.com/)

Desahucio

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Dos días después de mi muerte vendieron mi casa.
Se llevaron todas las habitaciones,
la de los juegos y las visitas.
Desnudaron los pasillos,
derribaron las puertas.
Abrieron las paredes dejando
apenas
humo que se aleja en una luz infinita.
Los estallidos muerden los ojos,
no hay camino,
ni viento que arrojen suficientes piedras a este fuego.
Fatigada, con los dientes partidos,
con el alma derrotada,
cuento
todo lo que me quitaron,
por lo que hoy he muerto.
Se llevan todos los días, desde la primera hora.
Ya no huelen los chopos en las ventanas,
ya no huele la furia entre las sábanas.
Ahora, mi casa no huele a nada.
La noche apagó sus latidos,
enmudeció el silencio para siempre.
Ahora que he muerto,
se venden cajones cuidados, muebles seminuevos,
sofás cómodos y de calidad, mesas de todos los tamaños.
Se venden zapatos de bebé sin estrenar
y su ropa,
Se venden sus risas, los ojos, la boca.
nada existe.
Se vende, el llanto roto de una vida que no fue vida.
Mi sombra desnuda en el suelo apaga las luces apretando fuerte la tripa.
Venden mi casa,
y todas las canciones bailadas,
la música suena.
Una luz retumbaba en mi pecho.

Belén García Nieto

Voz: I. Navarro
Letra: Belén G. Nieto
Foto: Blogs 20 Minutos

Pies Hermosos

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La mujer que tiene los pies hermosos
nunca podrá ser fea
mansa suele subirle la belleza
por tobiillos, pantorrillas y muslos
demorarse en el pubis
que siempre ha estado más allá de todo canon
rodear el ombligo como a uno de esos timbres
que si se les presiona tocan para elisa
reivindicar los lúbricos pezones a la espera
entreabir los labios sin pronunciar saliva
y dejarse querer por los ojos espejo
la mujer que tiene los pies hermosos
sabe vagabundear por la tristeza.
Mario Benedetti

Lluvia

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Llueve y tú dices es como si las nubes
lloraran.
Luego te cubres la boca y apresuras
el paso.
¿Como si esas nubes escuálidas lloraran?
Imposible.
Pero entonces,
¿de dónde esa rabia,
esa desesperación que nos ha de llevar a todos al diablo?
La Naturaleza oculta algunos de sus procedimientos
en el Misterio,
su hermanastro.
Así esta tarde
que consideras similar a una tarde del fin del mundo
más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo
una tarde melancólica,
una tarde de soledad perdida
en la memoria: el espejo de la Naturaleza.
O bien
la olvidarás.
Ni la lluvia,
ni el llanto,
ni tus pasos
que resuenan en el camino del acantilado importan;
Ahora puedes llorar y dejar que tu imagen se diluya
en los parabrisas de los coches estacionados a lo largo
del Paseo Marítimo.
Pero no puedes perderte.

Roberto Bolaño

La niña Palestina del Abrigo Rojo

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La niña Palestina del Abrigo Rojo
Parada en una calle desierta
En una esquina de Palestina
En el refugio de una herida abierta
Tan pequeña, mirando a la nada
Tan estremecedor como el rocío de la madrugada
Su seriedad es el brillo del filo de una espada.

Recogiendo los susurros de los escombros
Camina por los ecos de su pasado
El peso de un futuro oscuro a sus hombros
Con la nostalgia de algún sueño aniquilado.

Parada en una calle tranquila
En un rincón de Palestina
Arrastrando su abriguito rojo
Vigilando nuestros pasos de reojo

Quizás siempre vigilante, su piel erizada
Parece estar parada mientras el mundo gira
Con el susurro de la muerte en su mirada
Más allá del horizonte sus ojos maduros miran
Hebron no olvida sus calles bombardeadas.

No existe un ápice de temor
No es esclava de nadie
Su abrigo rojo guarda su calor
La mujer que un día será depende de un futuro en el aire.

Obviando ansias fanáticas de poder
La más libre de un campo de refugiados
El recuerdo de los eternos olvidados
Los pulmones, que hicieron sordas las bombas, al nacer.
La ternura en una calle de Palestina
La puesta en evidencia de aquel que les domina

Tan dura como la corteza de un olivo
Tan frágil como sus ramas ardiendo
Tan triste como un rebelde cautivo
Tan esperanzadora como el sol amaneciendo
Tan hermosa como ver niños jugar sin miedo
Tan brillante como Jerusalén contra el cielo.

El corazón de Palestina brilla en el rojo de su abrigo
Ella lo agarra con fuerza,
Las banderas provocando al viento son testigos.

Tiene los pantalones manchados de tierra
La tierra de su pueblo,
Una mirada suya detendría mil guerras
Su cabello agarrado ansía alzar el vuelo
Como las familias de los mártires muertos.

Una de tantos niños palestinos
Corriendo por sus calles limpian los horrores del enemigo
Y es que no hay colono que ocupe un corazón así
Jamás habrá motivo para apuntar a un niño con fusil.

Hablarán del “odio palestino”
Para no llorar cada anochecer
Por matar niños y cerrarles el camino
Aquellos que un día sufrieron hoy levantan muros al atardecer.

Verla caminar tranquila
Es el terrorismo del que habla Israel
Quizás un día le roben la infancia
Con las cadenas que amenazan su suave piel

Ella es el motivo y el fuego de la Intifada
Oír a un niño llorar en una cárcel
Justifica cualquier piedra lanzada
Ese es el gran crimen del gigante cruel,

Sus ojos mirando a la nada
Son la bomba que derribará el muro
Y en los dibujos que guarda
se escribe el sueño de un frágil futuro.

Tan pequeña como Cisjordania
Tan hermosa, imposible ignorarla
Si pasara por un chekpoint caminando
Se pararía el mundo que la está olvidando.

La niña palestina del abrigo rojo
No mira de frente a la cámara, mira de reojo
Porque la libertad la guarda en el brillo de sus ojos

Que al mundo también recuerde
a la niña Palestina del abrigo rojo.

Funambula Patosa

VIENEN MUJERES MUCHAS

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Vienen actuando desde el fondo de mis raíces,
Profundas como la noche e inquietas como el viento.
Vienen cruzando mi historia, atravesando mi aliento,
mujeres, muchas mujeres, entre mis piernas subiendo,
viajando por mis venas, haciéndose carne en mi cuerpo.
Vienen de siglos y siglos de luchas y de lamentos,
por sus muertes infinitas por dolores y silencios.
Pujan desde las honduras acariciando mi cuerpo,
vienen gritando su lucha, pugnando por sus derechos.
¡Cuantas mujeres muchas movilizando mi pecho¡
¡Cuantas manos levantan las esperanzas que tengo¡
¡Cuantas mujeres me llaman a seguir este sendero¡
¡Cuantas pasiones vivas me vienen a dar sustento¡
Vienen mujeres muchas de luchas y de lamentos,
vienen con sus violetas banderas en movimiento,
vienen dando su apoyo para nuestro alzamiento,
sus herramientas libertarias manifiestan ofrecernos.
¡Ahora, compañeras, es este nuestro momento¡

Gabriela Fagetti

Debo elegir la rabia

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Debo elegir la rabia,
la furia, el llanto y el grito y la herida y otra vez la rabia.
Veo que corre mi sangre, que no es mi sangre,
y siento que aquí nadie puede ser feliz.
Ser feliz es una maldición.
Hay que vivir como si nada importara,
golpeándose el pecho; elegir la rabia,
tomar un poco de ron, y pensar que nada importa.
Elegir el fuego, el insulto, la voz irritada,
la queja, la mano empuñada, la casa vacía, la soledad, la mesa sola.
Vuelvo a elegir la rabia,
y pienso en toda la mierda que debo decir.
Esta noche será húmeda hasta los ojos,
y no por la lluvia de este invierno inconcluso.
Pienso en el invierno,
en las hojas cayendo de los árboles,
en el moho de las paredes, en el aullido de un gato, y me da rabia.
Vuelvo a elegir la rabia porque todo es una terrible porquería.
Nadie se ama, nadie se toma de la mano,
nadie se besa. El amor no es cierto.
Elijo la rabia para detener el tedio
de esta casa sin vida.
 Karen Valladares