VIENEN MUJERES MUCHAS

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Vienen actuando desde el fondo de mis raíces,
Profundas como la noche e inquietas como el viento.
Vienen cruzando mi historia, atravesando mi aliento,
mujeres, muchas mujeres, entre mis piernas subiendo,
viajando por mis venas, haciéndose carne en mi cuerpo.
Vienen de siglos y siglos de luchas y de lamentos,
por sus muertes infinitas por dolores y silencios.
Pujan desde las honduras acariciando mi cuerpo,
vienen gritando su lucha, pugnando por sus derechos.
¡Cuantas mujeres muchas movilizando mi pecho¡
¡Cuantas manos levantan las esperanzas que tengo¡
¡Cuantas mujeres me llaman a seguir este sendero¡
¡Cuantas pasiones vivas me vienen a dar sustento¡
Vienen mujeres muchas de luchas y de lamentos,
vienen con sus violetas banderas en movimiento,
vienen dando su apoyo para nuestro alzamiento,
sus herramientas libertarias manifiestan ofrecernos.
¡Ahora, compañeras, es este nuestro momento¡

Gabriela Fagetti

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M.U.J.E.R

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Años en la sombra por la sociedad cruel,

Hace que no encuentres el rumbo,

Que te aferres a él.

Que mires el futuro como un sol

Que no va a nacer.

Discriminadas en el curro trayendo el café.

Silbiditos en las calles,

El bombón del pastel.

Coñac y puro en la mesa,

Sirvienta de ese ser.

Baboseadas a diario, sin poder responder.

Silenciadas, solo cifras, en la Tele o la Red.

Y es que hay que ver…

¡Ya no se evoluciona!

La violencia estructura

Es tu machismo, no funciona.

Llantos escondidos,

Tras el golpe en la tez

Discriminadas a diario

Por haber nacido mujer.

Entre dos aguas, rimaré.

Como el rocío en la rosa.

Mi lengua callará

Con la igualdad de las hermosas.

Esposas, frías como el hielo,

Obligadas a ocultrar su rostros tras un velo.

Me da vergüenza, revivir la pesadilla.

¿Disparos a chiquillas por defender una silla, donde estudiar?

Caminar hacia un mañana,

Donde la educación, ya no sea diferenciada ¡Jamás!

Por eso hoy, denuncio como puedo.

El silenció del hombre, te hace cómplice primero.

Por eso espero, abolir el Patriarcado.

¡Ni una muerte más, por el cinismo de mirar hacia otro lado!

“Levanta la cabeza, aférrate.

La vida es solo tuya de ningún otro ser.

Levanta la cabeza, aférrate.

No estás sola, somos miles. No lo olvides, mujer.”

Sucede, que me canso de ser hombre.

Neruda me enseñó que la bestia siempre se esconde.

¿Dónde?

Bajo el signo del poder.

La insumisa, sois vosotras peleando con desdén.

¿Por qué?

Me pregunto cada día.

¿Las tías son las zorras, si actúan como querrías?

Te guías, por tu pene ¡Niégalo!

¿Para qué tienes cabeza si solo usas tu falo?

¡Retrógrado!

Tu prohibiendo por prohibir.

Llamando Feminazi a la que lucha por decidir.

Fingir, amor por miedo es coacción,

Y no el piquete de una huelga

Que está informando ¡Esquirol!

El no, siempre significa no.

Ni dura, ni estrecha.

El “NO” siempre es negación.

Alzar la autodefensa y no la educación,

Es el parche del presente

Sin buscar la solución.

Y rabia, me produce cuando cuento.

Que en la Lucha de Clases,

El machismo aún no ha muerto.

Cimientos, y ultraRevolución

Pero siguen siendo los hombres los que dictan el Patrón.

A ver, vamos a aclararlo ya.

Años bajo la sombre, merecen respaldo ya.

Pero parad, que tengo algo que mostrar.

Que la Mujer lucha a mi lado, o no habrá lucha que contar.

“Levanta la cabeza, aférrate.

La vida es solo tuya de ningún otro ser.

Levanta la cabeza, aférrate.

No estás sola, somos miles. No lo olvides, mujer.”

@soplodepalabras

Hamam

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Éste es el día de la tía Farida. En la cesta de palma trenzada ponía un botella de agua, peras, una sandía pequeña, una piedra pómez, el guante negro para las fricciones y su frasco de perfume de color azul, las ropas limpias y la pastilla de jabón de cardamomo. Íbamos al hamam.

En la primera sala no hacía mucho calor. Niñas y mujeres secándose el pelo y las extremidades. La algarabía del gritar iraquí y los aullidos de las más ancianas. Mujeres que se dan masajes unas a otras. Cuando entras a la segunda sala, aumenta el chapoteo del vapor. Allí verás el susurro de los cuerpos barnizados de calor, agua y sudor. Jadeos entrecortados y chillidos que rasgan los tanques de agua. Las fronteras están abiertas en los baños iraquíes, y la única lengua que sirve para comunicarse es el tacto.

Todo se desliza ante tus ojos. Las manos te asen, te enredan entre sus muslos, te desanudan las trenzas, te empapan de agua, te enjabonan y vierten sobre ti cazos de agua caliente,  aúllas. Me cepillan el pelo. Muero entre las manos de esas mujeres, la espuma de jabón ciega mis ojos. La tía Farida suspira y se inclina sobre sus rodillas. Sus pechos me introducen en un estado de sopor, sus pechos, el jabón, el vapor y todo ese estrépito. Me enrosca entre sus muslos y me extiende las piernas. Tiene el pelo mojado, largo, suelto, ligero y suave. Te rindes, te duermes, tu piel ya está vacía, vacía de sus secretos, la suciedad también es un secreto.

Alia Mamduh, escritora iraquí. 

Yo misma y mi amiga Vanessa pasamos por este momento, pasamos muchísimo miedo al oír a todas esas mujeres reir a carcajada como locas, seguramente se estaban riendo de nosotras al vernos tan asustadas, hasta que nos dimos cuenta de que lo único que querían hacer con nosotras era lavarnos. Qué bonita experiencia aquella.

Me dijeron

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El otro día me dijeron
que frene la lengua,
que modere los actos,
que critique, que señale,
que me inconforme.

Pero, en voz baja.
Y entre nosotras.

Que los compañeros de lucha,
cualquier lucha,
se pueden sentir afectados.

Que espere, que el movimiento social,
cualquier movimiento social,
tiene planes para las mujeres,
pero, que espere,
todavía no es el tiempo, ni la hora.

El otro día me dijeron
que sea más responsable
al decir antipatriarcado,
al denunciar al que acosa,
al señalar al que desprecia.

Que cuide a los compañeros,
que sea amorosa,
que les haga sentir bienvenidos,
que mis reclamos no vayan a ofenderlos.

Me lo dijo una, que se dice compañera,
y le he preguntado.

Pero, no ha ido a ver al indio,
para decirle que denuncie bajito
al caxlan que lo desprecia.

Y no ha ido a ver al obrero,
para decirle que espere,
que sea más amable
en sus reclamos con el patrón.

Y no ha ido a ver al campesino,
para decirle que defienda su tierra
con amabilidad y sonrisa.

Pero a mí, sí ha venido a hablarme
para decirme que no vea,
que si veo no señale,
que no lo tome como ofensa.
Que comprenda.

Me dijeron.
Que finja, que no me dé cuenta
de que éste mira mis senos,
de que éste me estorba la palabra,
de que éste me llama a la elegancia femenina,
de que éstos no son de los míos.
De que dicen lesbiana, pero en voz baja.

Que por las buenas son mejor las cosas.
Que no demuestre el abuso.
Que no llame machista.
Que no use la palabra misoginia
para el que me niega.

Que acompañe al movimiento
y, por las buenas, ya irá tocando la nuestra.

Me dijeron,
y estoy pensando que no es justo.

Para murmurar el descontento,
para perpetuar los roles,
mejor me habría quedado en casa a lavar los platos.

Que nada más no puedo.
Ni he de callarme.
Ni cerrar lo ojos, ni fingir.
Ni moderar la lengua ni los actos.
Que no dejaré de criticar, ni de señalar, ni de inconformarme.

Ya hemos dado mucho.
Ya dieron bastante mis madres y abuelas.
Hemos sido tantas:
Las presas políticas,
las agredidas,
las trabajadoras,
las que sostienen la casa mientras la huelga,
las que siembran la tierra,
las sindicalistas,
las maestras,
las que nunca son nombradas,
las que toman los medios.
las que barren y reparten volantes mientras el macho líder hace discurso.
Las que ya están hartas…
Todas, mis hermanas.

Que ya toca la nuestra y no para luego.
Que hay que decir: ya, a este tiempo y a esta hora.

Que para gritar contra la opresión, no hay corrección política.
Decir: hay una izquierda machista y reaccionaria, no me atemoriza.

Me dijeron, me sugieren, me invitan a moderarme.
Pero yo, nada más no puedo.

Yo entiendo ser mujer de otra forma.
Yo quiero de otro modo hacer las cosas.

No voy a disculparme,
No puedo condolerme.

Porque tengo esta voz.
Es voz libre y autónoma.
Es voz nueva, revolucionaria.

Patricia Karina Vergara Sánchez